CAPITALISMO

      Y EMANCIPACIÓN NACIONAL Y SOCIAL

      DE GÉNERO

      Iñaki Gil de San Vicente


      4-4).- FUERZA DE TRABAJO SOCIAL Y OPRESION DE LA MUJER:

      La acumulación capitalista debe ser acumulación ampliada, debe buscar más y más, debe crecer un poco más cada vez sobre lo alcanzado anteriormente. Ello le exige una reproducción ampliada de sus condiciones de producción, lo que a su vez le lleva a aumentar la explotación de la fuerza de trabajo bien mediante la forma intensiva, con la introducción de más y mejores máquinas, bien mediante la forma extensiva con el alargamiento de las jornadas de trabajo, bien simultaneando ambas formas. Pero alargar las horas de trabajo tiene un límite fisiológico objetivo, el constituido por la capacidad de aguante psicosomático de la especie humana en ese momento histórico. Por lo tanto, el capital se ve necesitado de potenciar más desde un momento preciso la explotación intensiva, la realizada mediante mejoras tecnológicas que permiten ahorrar tiempo y multiplicar la productividad del trabajo. Aun y todo así, no tarda en surgir otro problema que debe ser resuelto periódicamente, y es el de la formación de la fuerza de trabajo social, la formación de l@s trabajador@s tanto para manejar esas nuevas máquinas como para aguantar los nuevos ritmos de trabajo, con su superior intensidad de desgaste psicológico y nervioso, de atención a la rapidez de la cadena o de destreza en varias tareas si es el trabajo en grupo, etc. De una u otra forma, surge el periódico problema de la reproducción de la fuerza de trabajo social, y con este problema se agudiza automáticamente el de la opresión de la mujer.

      La acumulación del capital exige que el trabajo doméstico absorba el sobreesfuerzo correspondiente al aumento de los gastos que exige la adecuada reproducción de la fuerza de trabajo. En la medida en que el capital introduce máquinas mejores y aunque éstas máquinas se basen en una simplificación y descualificación del trabajo, es decir, se busque simplificar movimientos y se intente hacerlas lo más sencillas posibles, pese a este esfuerzo por descualificar el trabajo, a la larga y comparando las sucesivas fases capitalistas, este sistema necesita incrementar no sólo la educación de l@s tarbajador@s y su periódico reciclaje tecnológico, cosa cada vez más frecuente por la creciente obsolescencia de las máquinas, sino también formar una fuerza de trabajo que aguante la creciente tensión nerviosa inherente a las nuevas tecnologías. Surgen así dificultades nuevas en la reproducción biológica que exige a las mujeres una sobrecarga en sus trabajos domésticos con aumento de funciones que no existían en las anteriores fases capitalistas.

      Además, la industrialización creciente de la cotidianeidad, del ocio y del tiempo de recomposición de la fuerza de trabajo, es decir, del tiempo de descanso, estas tendencias imparables incrementan las exigencias y las tareas del trabajo doméstico. La industrialización del llamado ocio o del supuesto "tiempo libre" quiere decir que la gente ha de consumir más para poder ir a "descansar". El ejemplo del bricolaje, o de los deportes normales o de aventura, el tiempo dedicado a "ir de compras" aunque no se compre nada y se pase la tarde en el hipermercado, el ahorro para poder pagase unas vacaciones para descargar el agotamiento nervioso, etc., estos ejemplos que podemos alargar casi hasta el infinito muestran que en el capitalismo actual "descansar" es, en la inmensa mayoría de los casos, una forma más de cumplir con el mandato del consumismo compulsivo de baja calidad. Todos los datos demuestran que la productividad del trabajo desciende precisamente los días posteriores a las vacaciones y fines de semana, los lunes, por ejemplo; y a la inversa, confirman que en esos días aumentan los accidentes, las depresiones, las borracheras, los conflictos interpersonales y el consumismo compulsivo como intento de gratificación psicológica. Si rastreamos la cadena de tareas que se esconden en esos procesos terminamos siempre en el papel clave del trabajo doméstico como base que sustenta la industrialización del mal llamado "tiempo libre".

      La reproducción cualificada de la fuerza de trabajo social está en función de las necesidades del capitalismo, y no a la inversa. Tenemos el ejemplo de las necesidades urgentes de los empresarios por disponer de trabajador@s cualificad@s en las nuevas tecnologías, desde las primeras máquinas de vapor hasta los muy recientes ordenadores de cuarta generación con todos los estudios especiales, pasando por las máquinas digitalizadas y un largo etcétera. También un problema serio es el de la cualificación media de los jóvenes para servir en el ejército capitalista, problema ya detectado originariamente en los Países Bajos en el siglo XVII, pero definitivamente confirmado en Gran Bretaña a comienzos del XIX y luego ya en todos los Estados capitalistas industrializados debido a la rápida modernización del armamento. Aunque existen otras exigencias de modernización educativa, estas dos son y serán durante el capitalismo las fundamentales aunque se desarrollen los ejércitos profesionales y se multipliquen las escalas y divisiones dentro del proceso productivo entre trabajador@s cualificad@s y descualificad@s y dentro mismo de cada uno de estos bloques.

      No hace falta esperar a que los Estados cambien y adapten los sistemas educativos para responder a las urgentes demandas de la burguesía. Ya con anterioridad las propias familias, empezando por las burguesas y siguiendo por las pequeño burguesas y las trabajadoras con altos salarios, los que saben lo importante que es la cualificación tecnológica. De hecho, la educación privada tiene una de sus bazas en que prepara a sus estudiantes en las más modernas asignaturas facilitándoles una casi entrada en el mercado de trabajo, cosa que no sucede con la educación pública. Pero en un período relativamente corto, la mayoría de las familias obreras comprenden la importancia de la cualificación aunque sea media e intentar dársela a sus hijos, y después tal vez a sus hijas. De cualquier modo, a la larga o a la corta, la mujer es sometida a un incremento de sus obligaciones para con la educación de sus hijos, y para con el reciclaje de su marido, sobre todo si este es joven o tiene un trabajo cualificado.

      Estos factores hacen que el trabajo doméstico en la actualidad tenga que absorber y satisfacer mayores exigencias emocionales, afectivas, culturales y educativas que antes. Hoy en día, ser una "buena madre" exige disponer de una capacidad de carga psicológica superior a la de hace dos décadas, por poner una fecha. A la vez, dado que han aumentado las incertidumbres globales y la precarización de la existencia colectiva de la familia, las demandas afectivas tienen contenidos más precisos en cuanto a la satisfacción de las frustraciones. No es lo mismo responder a una incertidumbre transitoria producida por una crisis pasajera, que responder a una incertidumbre permanente causada por la precarización de la existencia y por la multiplicación de las tensiones y de la competitividad interpersonal. Más temprano que tarde, el trabajo doméstico ha de resolver ese salto en la intensidad y extensión de la demanda afectiva. Y esto es sólo una parte del problema porque otra es que esa demanda, por lo general, ha de solventarse en un panorama de estancamiento salarial cuando no de retroceso, o sea, de empobrecimiento, lo que agrava todos los problemas y exige una mayor dedicación de tiempo.

      No es extraño, por tanto, que todos los datos indiquen un aumento del desgaste nervioso de la mujer. La causa no sólo es la multiplicación de las exigencias y demandas familiares, además de un empeoramiento de las tensiones personales y hasta de los miedos por el aumento de la agresividad machista en casa, sino fundamentalmente, se trata del agotamiento de la institución familiar en cuanto tal en esta fase capitalista. El keynesianismo instauró políticas de apoyo a la familia precisamente para, mediante su recuperación, facilitar la reproducción de la fuerza de trabajo social que necesitaba el capitalismo en ese período. Pero el neoliberalismo, obsesionado por el enriquecimiento inmediato, ha dejado a las familias abandonadas a la simple y bruta autoridad del marido, al que previamente se le ha reideologizado en los valores más agresivamente machistas. Con menos recursos sociales cada vez, en un contexto de aislamiento y retroceso, las mujeres deben incrementar su trabajo doméstico a la vez que aguantan un empeoramiento de su trabajo asalariado, las que lo tienen. Los datos sobre el aumento del alcoholismo doméstico y del abuso de toda clase de pastillas y productos excitantes o calmantes, según los casos, así como de las ludopatías, muestran que el agotamiento está llegando a límites que ya inquietan a la propia clase dominante, preocupada no por la felicidad de las mujeres sino por su ganancia y su acumulación ampliada.


      4-5).- Realización de la plusvalía y opresión de la mujer.

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